Observación de las Conductas que Alteran la Convivencia en las Clases de Educación Física y Relación con la Violencia Escolar Cotidiana

Bernardino Javier Sánchez-Alcaraz Martínez 1, Blanca Mengual García 1, Alberto Gómez-Mármol 2Alfonso Valero Valenzuela 1
1 Facultad de Ciencias del Deporte. Universidad de Murcia, España 2 Facultad de Educación. Universidad de Murcia, España

Resumen

Las conductas que alteran la convivencia en el contexto educativo y la violencia escolar son consideradas en la actualidad como uno de los retos más importantes que debe afrontar el sistema educativo a nivel internacional. El objetivo de este trabajo es conocer los niveles de violencia escolar en los estudiantes y el número de conductas que alteran la convivencia en las clases de educación física. La muestra de la investigación estuvo formada por un total de 737 estudiantes (416 hombres y 321 mujeres) con edades comprendidas entre los 11 y 17 años pertenecientes a 16 centros educativos de la Región de Murcia. Se utilizó el Californian School Climate and Safety Survey y el instrumento de Conductas que Alteran la Convivencia en las Clases de Educación Física. Los resultados del trabajo mostraron unos niveles medios de violencia observada y bajos de violencia sufrida. La violencia sufrida fue superior en los chicos y la violencia observada fue mayor en la etapa de secundaria. Por otro lado, las conductas que alteran la convivencia más frecuentes en las clases de educación física son “interrumpir”, “hacer trampas” y “no seguir las indicaciones” mientras que las menos frecuentes son “agresión gestual”, “maltratar el material” y “excluir a los compañeros”. En la etapa de secundaria se produce un número significativamente mayor de conductas de no seguir las indicaciones del profesor, además de un número más elevado de conductas agresivas.

Palabras Clave: Educación, Adolescencia, Bullying, Escuela, Comportamiento, Valores

Abstract

The conducts that alter the coexistence in school settings and school violence are considered nowadays as one of the most important challenges that educational system must face at international level. The aim of this work is to know the levels of school violence and the number of conducts that alter the coexistence in Physical Education lessons. The simple was made up by a total of 737 students (416 boys and 321 girls) whose ages vary from 11 to 17 years and who studied in 16 educative centers from the Region of Murcia. Californian School Climate and Safety Survey as well as Observation tool for Conducts that alter the coexistence in Physical Education lessons were used. Results showed medium levels of observed violence and low levels of suffered violence. Suffered violence was higher among boys than among girls and observed violence was higher in high school than in primary school. On the other side, the conducts that alter coexistence in Physical Education lessons more frequently were “interrupting”, “cheating” and “do not follow the instructions” meanwhile less frequently were “gestural aggression”, “mistreat materials” and “exclude classmates”. In secondary education stage there is a significantly higher number of conducts of “do not follow the instructions” as well as a higher number of aggressive conducts.

Keywords: Education, Adolescence, Bullying, School, Behaviour, Values

INTRODUCCIÓN

La violencia escolar es considerada en la actualidad como uno de los retos más importantes que debe afrontar el sistema educativo a nivel internacional (Debarbieux, 2006; Gázquez, Pérez-Fuentes, Lucas y Fernández, 2009). El informe del Defensor del Pueblo (2007), sobre la situación en los centros de educación secundaria en España, señala que, el porcentaje de alumnos que declara haber observado diferentes tipos de violencia en muchas ocasiones, dependiendo de la forma de agresión concreta, que la forma más frecuente es la agresión verbal (insultos, poner motes ofensivos, hablar mal de alguien) que oscila entre el 55.8% y el 49%; seguida por las amenazas y los chantajes, desde meter miedo a amenazar con armas (entre el 22.7% y el 1%); le sigue la exclusión social (22.5%); después, la agresión física directa, como pegar (14.2%), a continuación la agresión física indirecta como robar cosas (10.5%) o romper las cosas de otros (7.2%), y por último, el acoso sexual que es percibido por el 1.3% de los encuestados. Estas observaciones han sido corroboradas por la asociación Save the Children, en su análisis sobre la violencia escolar, así, en su último informe, indica que uno de cada 10 alumnos asegura que ha sufrido acoso escolar y uno de cada tres admite haber agredido a otro estudiante (Save the children, 2016).

Respecto a los estudios llevados a cabo hasta el momento, estos se han centrado principalmente en la incidencia de la violencia en el contexto escolar (Pulido et al., 2011). En este sentido, se ha confirmado la amplia prevalencia de estas situaciones de violencia, en muy diversos países de todo el mundo, siendo particularmente alarmante entre los países desarrollados (Akiba, Le Tendre, Baker y Goesling, 2002). A nivel nacional, de acuerdo con los datos presentados por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo (Ruiz et al., 2006), un 49 % del alumnado reconoce que ha insultado a sus compañeros en más de una ocasión y un 13,4 % añade también haber realizado agresiones físicas sobre estos. La violencia escolar se trata pues, de un gran problema en los centros educativos, la cual, además, no disminuye durante los últimos años sino que, al contrario, las manifestaciones de violencia son cada vez más frecuentes (González-Pérez, 2007; Tórrego, 2006).

Además de las conductas violentas, en el aula se producen un conjunto de conductas que alteren la convivencia en el clima de aula, las cuales son entendidas como un conglomerado de conductas inapropiadas que se producen en la misma y que impiden el normal desarrollo de la actividad educativa, tales como interrupciones, agresiones, maltrato del material, etc. (Tórrego, 2006). Según Sánchez-Alcaraz (2014), este tipo de conductas se caracterizan por los siguientes factores: afectan a todos los alumnos dado que repercuten en el ambiente y clima del aula; se consideran un problema de falta de disciplina y de respeto hacia el profesor; generan conductas inadecuadas en el aula (molestar a los compañeros, hablar cuando lo está haciendo el profesor, etc.); se producen cuando los objetivos educativos del profesor/a no son aceptados, compartidos y asumidos por todos los alumnos; y suponen un retraso o impedimento del proceso de enseñanza-aprendizaje. En los últimos años se ha producido un incremento de este tipo de conductas en los centros escolares. Atendiendo a los datos que suelen emplearse, el fracaso escolar en España afecta a uno de cada cuatro alumnos (25%), superior a la media de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo en Europa (OCDE), que se sitúa en un 20% (Ruiz et al., 2006). Del mismo modo, el absentismo escolar es cada vez más elevado, acompañado de un clima de relación social en los que las intimidaciones, el maltrato, la xenofobia, la violencia o el consumo de drogas empieza a ser muy común en la mayoría de los centros (Ruiz et al., 2006). Asimismo, diferentes investigaciones sociológicas (González-Pérez, 2007; Tórrego, 2006), indican que la violencia ha aumentado en los últimos años en los diferentes ámbitos donde puede manifestarse (por ejemplo familiar, escolar, deportivo y comunitario). Estos datos se hacen más preocupantes si atendemos a los presentados por el Instituto de Evaluación y Asesoramiento Educativo, que indican que un 49% de los estudiantes dice haber sido insultado o criticado en el colegio o que un 13,4% confiesa haber pegado a sus compañeros (Ruiz et al., 2006).

Por lo tanto, el objetivo de este trabajo será conocer los niveles de violencia escolar en los estudiantes y el número de conductas que alteran la convivencia en las clases de educación física.

MÉTODO

Muestra

La muestra de la investigación estuvo formada por un total de 737 estudiantes (416 hombres y 321 mujeres) con edades comprendidas entre los 11 y 17 años (Edad media = 14.04 ± 2.15 años). Los alumnos pertenecían a 16 centros educativos (tanto públicos como concertado-privados) de la Región de Murcia.

Instrumentos

Violencia escolar. A partir de los 102 ítems de la versión  del California School Climate and Safety Survey (CSCSS) de Rossenblatt y Furlong (1997), Fernández-Baena et al. (2011) se seleccionaron 14 ítems conceptualmente adecuados para evaluar la violencia escolar entre iguales (Anexo 1). Está compuesta de dos dimensiones: violencia sufrida (e.g. “me han dado puñetazos o patadas”) y violencia observada (e.g. “los estudiantes se meten en peleas”). Son valorados en una escala tipo Likert con cinco opciones de respuesta, que comprenden desde 1 (nunca) a 5 (siempre). La consistencia interna obtenida fue la siguiente: violencia sufrida (a = .84) y observada (a = .84).

Conductas que alteran la convivencia en las clases de Educación Física. Se utilizó el instrumento de Conductas que Alteran la Convivencia en las Clases de Educación Física CACEF (Sánchez-Alcaraz, 2014). Este instrumento está formado por ocho conductas agrupadas en dos categorías: conductas violentas (e.g. “agredir físicamente”) y conductas de indisciplinas o antisociales (e.g. “interrumpir o molestar a los demás”. La consistencia interna obtenida fue la siguiente: conductas violentas (a = .82). y conductas de indisciplina o antisociales (a = .75).

Procedimiento

El diseño de este estudio corresponde a una investigación empírica con metodología cuantitativa, concretamente un estudio descriptivo de poblaciones mediante encuestas con muestras probabilísticas de tipo transversal (Montero, y León, 2007). La selección de los Centros Educativos se realizó según la división territorial que ofrecen los Centros de Profesores y Recursos (CPR) de la Comunidad Autónoma de Murcia, de manera que cada uno de los CPR contó con la participación de dos centros adheridos a su ámbito, un Colegio de Educación Primaria y un Instituto de Educación Secundaria, seleccionados utilizando un muestreo no probabilístico intencional. Tras la obtención del consentimiento de las familias y de los centros, los estudiantes cumplimentaron en horario escolar, el cuestionario de violencia escolar cotidiana. Durante la aplicación, al menos un investigador estaba presente en el aula, que garantizó el anonimato de las respuestas. Los estudiantes contestaron los cuestionarios en 20 minutos, sin que ninguno de los ellos informara de problemas en la cumplimentación de los mismos.

Por otro lado, para analizar las conductas que alteran la convivencia en las clases de Educación Física, se grabó, para cada uno de los grupos analizados, una misma sesión “tipo” de educación física de una hora de duración, usando una cámara de video de alta definición con gran angular (SONY HDR-PJ620, Japón), posicionada a 4 metros de alto. Los datos fueron recogidos a través de un sistema de observación formado por dos investigadores entrenados durante dos semanas, acumulando un mínimo de 20 horas de experiencia durante 10 sesiones de dos horas cada una. Terminado el proceso de entrenamiento, cada observador registró una misma sesión de 60 minutos, y se calculó la concordancia inter-observador a través de la prueba del Coeficiente de Correlación Intraclase, obteniendo una puntuación total de .89. Para garantizar consistencia en los datos obtenidos, se realizó la evaluación intra-observador al final del proceso de observación, obteniendo un valor de .98. Siguiendo a Altam (1991), los valores obtenidos son considerados como muy buenos (> .80). El instrumento de grabación que se utilizó fue el software LINCE (Gabín, Camerino, Anguera, y Castañer, 2012), un software flexible de grabación digital que permite exportar los datos para ser tratados en diferentes programas estadísticos.

Análisis de datos

Para analizar los datos obtenidos en el estudio y calcular los resultados se utilizó el Statistical Package for the Social Sciences (SPSS) 21.0. Primero se calcularon los estadísticos descriptivos de las variables objeto de estudio (medias y desviaciones típicas) tanto para la muestra como las variables independientes (sexo y etapa educativa). A continuación, se realizó la prueba de Kolmogorov-Smirnov para comprobar la normalidad de la muestra, se usó la prueba no paramétrica U Mann Whitney para comprobar si había diferencias significativas en las categorías sexo y etapa educativa de nuestras variables objeto de estudio. Por último, se calcularon las correlaciones entre todas las variables objeto de estudio a través de la prueba Rangos de Spearman. Se consideró una significación al 95%.

RESULTADOS

La tabla 1 se observan los niveles de violencia escolar (sufrida y observada) en función del género. Como se puede apreciar, se obtuvieron unos valores medios (2,25 sobre 5) en la violencia observada y bajos (1,54 sobre 5) en la sufrida. Además, se encontraron valores significativamente superiores de violencia escolar sufrida en los chicos, mientras que la violencia escolar observada fue la misma entre chicos y chicas.

Tabla 1. Niveles de violencia escolar sufrida y observada en función del género

Nota: M=Media; D.T.= Desviación Típica; * p < 0,05; ** p < 0,01

A continuación, en la tabla 2 muestra los niveles de violencia escolar sufrida y observada y de conductas que alteran la convivencia en función de la etapa educativa. En este sentido, se encontraron valores significativamente mayores de violencia observada en estudiantes de Educación Secundaria, mientras que la violencia sufrida no mostró diferencias significativas según el curso escolar. Con respecto a las conductas que alteran la convivencia, se puede comprobar que, en la etapa de secundaria se producen un número mayor de conductas agresivas: físicas, verbales y gestuales, aunque estas diferencias no fueron significativas. Por otro lado, los alumnos de primaria realizan más conductas de hacer trampas, excluir a compañeros y maltrato de material, sin ser estas diferencias tampoco significativas. Por último, los estudiantes de secundaria presentan un número significativamente mayor de conductas de no seguir las indicaciones del profesor.

Tabla 2. Niveles de violencia escolar sufrida y observada y de conductas que alteran la convivencia en función de la etapa educativa

Nota: M=Media; D.T.= Desviación Típica; * p < 0,05; ** p < 0,01

Por último, en la tabla 3 muestra las correlaciones entre las conductas que alteran la convivencia en las clases de Educación Física y la violencia escolar cotidiana. En este sentido, se puede observar como las conductas de agresión física correlaciona positiva y significativamente con las conductas de agresión gestual, interrupciones y no seguir las indicaciones. Por otro lado, las conductas de agresión verbal se correlacionaron positiva y significativamente con hacer trampas, al igual que las conductas de interrupciones con las de no seguir las indicaciones. Finalmente, la variable de violencia sufrida correlacionó positiva y significativamente con la violencia observada y las conductas de exclusión a los compañeros.

Tabla 3. Correlaciones entre las conductas que alteran la convivencia en las clases de Educación Física y la violencia escolar cotidiana

Nota: * p < .005; ** p < 0.01

DISCUSIÓN

Esta investigación se llevó a cabo con el objetivo de conocer los niveles de violencia escolar cotidiana y los niveles de conductas que alteran las clases en Educación Primaria y Educación Secundaria. En este sentido, el análisis de los niveles de violencia escolar mostró unos valores superiores en la observada (2,25 sobre 5) sobre la sufrida (1,54 sobre 5). Estos datos están en línea con los encontrados en el informe del Defensor del Pueblo 2007, donde el porcentaje de alumnos que declara haber visto dichas situaciones oscila entre 55.8% y el 49%, y, por otro lado, Save the Children 2016, en su análisis sobre la violencia escolar, indica que uno de cada 10 alumnos asegura que ha sufrido acoso escolar y uno de cada tres admite haber agredido a otro estudiante.      

Por otro lado, los datos obtenidos en relación al género mostraron índices inferiores en el sexo femenino, siendo más significativos en la violencia sufrida; resultados que coinciden con los estudios de Fernández-Baena et al. (2011), Martínez-Monteagudo et al. (2011) y Trianes, Blanca, De la Morena, Infante y Raya (2006), que encontraron niveles superiores de violencia escolar en el sexo masculino. Además, Cangas, Gázquez, Pérez, Padilla, y Miras (2007), en su investigación para analizar la prevalencia de diferentes problemas de convivencia y violencia escolar con una muestra total de 1.629 alumnos en 4 países europeos (España, Austria, Francia y Hungría) encontraron que, en cuanto al género, los chicos son los que se sienten más afectados por los insultos en clase. Esto podría deberse a que la gravedad de las agresiones verbales que se producen entre ellos es mayor que en las chicas.

En función de la edad, vemos cómo el nivel educativo muestra una influencia sobre la violencia escolar al obtener unos valores significativamente mayores de la observada en estudiantes de Educación Secundaria frente a los de Educación Primaria. Estos datos están en concordancia con estudios que afirman haber encontrado unos niveles superiores de violencia observada y sufrida en los alumnos de Secundaria. (Döpfner, Pluck y Lehrnkuhl 1996; Feltes, 1990; Fuschs, Lamnek y Luedtkel, 1996; González-Pérez, 2007; Holtappels y Schubarth, 1997). La causa es el aumento progresivo de la agresividad y los comportamientos violentos y antisociales desde la etapa Primaria a la Secundaria, hasta aproximadamente los 15-16 años, en los que se produce una disminución de la impulsividad y una interiorización de valores y normas (Döpfner et al., 1996).

En referencia a los niveles de conductas que alteran las clases de Educación Física en Educación Primaria y Secundaria, la investigación mostró que las conductas que se observan más de 13 veces en cada sesión son “interrumpir”, “hacer trampas” y “no seguir las indicaciones”. Por otro lado, las menos observadas son “agresión gestual”, “maltratar el material” y “excluir a los compañeros”, produciéndose una media inferior a 3 conductas por sesión. Destaca también que se produce una media cercana a 3 conductas de agresión física y agresión verbal en cada clase de educación física. En esta línea se confirma que las conductas disruptivas, aquellas que van contra las normas de convivencia, que dificultan la realización de las tareas, que rompen el orden en las aulas y fomentan el no aprender, son las que presentan una mayor frecuencia dentro del aula. Por este motivo, los centros deberían tener medidas de prevención de conflictos para crear un clima de trabajo favorable en las aulas (Hernández, Rodríguez y Correa, 2001).

En función del nivel educativo, los resultados de las conductas analizadas indicaron que en la etapa de Secundaria se producen un número mayor de conductas agresivas (físicas, verbales y gestuales, aunque estas diferencias no fueron significativas) y presentan un número significativamente mayor de la conducta disruptiva “no seguir las indicaciones” del profesor. Mientras, en la etapa de Primaria, se realizan más conductas disruptivas como hacer trampas y excluir a compañeros y la conducta agresiva “maltrato de material” (sin ser estas diferencias tampoco significativas). Todos estos datos coinciden con los estudios de Almarcha y Cristóbal (2004), Felip y Capell (2010), Lara y Vallejo (2007) y León, Felipe y Gómez (2010), que afirman que las agresiones físicas se circunscriben preferentemente en la etapa de secundaria, mientras que en primaria la convivencia se ve alterada básicamente por la transgresión de normas.

Finalmente, el análisis de las correlaciones mostró como las conductas de agresión física correlacionaron positiva y significativamente con las conductas de agresión gestual, interrupciones y no seguir las indicaciones. Además, las conductas de agresión verbal correlacionaron positiva y significativamente con hacer trampas, al igual que las conductas de interrupciones con las de no seguir las indicaciones. Estos datos confirman que, en aquellas clases de Educación Física en las que se producen más conductas agresivas, son también aquellas en las que se producen más conductas disruptivas, datos que coinciden con el estudio de Sánchez-Alcaraz (2014). Además, la variable de violencia sufrida correlacionó positiva y significativamente con la violencia observada y las conductas de exclusión a los compañeros. Por lo tanto, en aquellas sesiones en las que los alumnos perciben sufrir más conductas violentas son también en las que más conductas violentas se observan. Por lo tanto, parece necesario la implementación de programas que, a través de la actividad física y el deporte, fomenten valores positivos en los alumnos que estén relacionados con una disminución de sus conductas violentas. En este sentido, autores como Baena et al. (2011), observaron correlaciones negativas entre los factores experiencia personal de sufrir violencia y la posesión de habilidades personales; así como los factores de violencia observada y las habilidades de automanejo, relacionadas con la cooperación, aceptación de reglas, demandas y expectativas de la escuela, en su estudio con alumnos de Secundaria.

Este estudio presenta algunas limitaciones que deben ser tenidas en cuenta a la hora de interpretar los resultados. En primer lugar, se ha utilizado una metodología cuantitativa en el diseño de este trabajo, a través del uso de cuestionarios y de la observación sistemática. Dichos instrumentos presentaron unos niveles altos de fiabilidad y validez pero, en el caso de los cuestionarios, presentan una percepción subjetiva de los sujetos del estudio, no a partir de valores objetivos. Por otro lado, únicamente se ha analizado una clase de educación física por cada curso participante en la investigación, debido al amplio número de centros educativos participantes en el trabajo, por lo que los resultados deben ser interpretados con cautela. Además, únicamente se han analizado variables sociodemográficas referentes al género y edad de los estudiantes, sin tener en cuenta otros variables que pueden afectar a los niveles de violencia o las conductas que alteran la convivencia, como por ejemplo el contexto escolar y familiar, el entorno social y cultural o el estilo y metodología empleados por el profesor durante sus clases de educación física (Gómez-Mármol, 2014).

CONCLUSIONES

  • En el contexto escolar, se encontraron unos niveles medios de violencia observada y bajos de violencia sufrida. Los niveles de violencia sufrida son superiores en los chicos frente a las chicas, mientras que en los niveles de violencia observada fueron significativamente mayores en secundaria frente a primaria.
  • Las conductas que alteran la convivencia más frecuentes en las clases de educación física son “interrumpir”, “hacer trampas” y “no seguir las indicaciones” mientras que las menos frecuentes son “agresión gestual”, “maltratar el material” y “excluir a los compañeros”. En la etapa de secundaria se produce un número significativamente mayor de conductas de no seguir las indicaciones del profesor, además de un número más elevado de conductas agresivas: físicas, verbales y gestuales, aunque estas diferencias no fueron significativas.
  • Las conductas de agresión física correlacionan positiva y significativamente con las conductas de agresión gestual, interrupciones y no seguir las indicaciones. Además, las conductas de agresión verbal correlacionan positiva y significativamente con hacer trampas, al igual que las conductas de interrupciones con las de no seguir las indicaciones. Por último, la variable de violencia sufrida correlacionó positiva y significativamente con la violencia observada y las conductas de exclusión a los compañeros.

Referencias

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Cita en Rev Edu Fís

Bernardino Javier Sánchez-Alcaraz Martínez, Blanca Mengual García, Alberto Gómez-Mármol Alfonso Valero Valenzuela (2017). Observación de las Conductas que Alteran la Convivencia en las Clases de Educación Física y Relación con la Violencia Escolar Cotidiana (4).

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